Cuando me mudé a esta nueva ciudad, descubrì que desde mi ventana podìa ver un hermoso jardín, lleno de flores.

Cada mañana al levantarme,subìa la persiana y me quedaba observando todos esos colores; parándome especialmente en esas rosas rojas. Una de ellas destacaba por su color fuerte,era mi favorita.

A medida que pasaban los días,aquella gran rosa roja de color fuerte ; fue perdiendo color,parecía que sus pétalos habían enfermado y poco a poco perdìa ese encanto que tenía. Después de fijarme en ella dìa tras dìa,horas y horas: comprendì que esos grandes pétalos estaban tapando y obstruyendo la salida de los pequeños enérgicos y llenos de color. Al ver esto, me fui a comentárselo a la propia rosa ya que suponìa era difícil que pudiera haberse dado cuenta o viera esto desde su interior.

A pesar de aconsejarle que se deshiciera de los pétalos superficiales para dar mas protagonismo a los escondidos( con mucho mas color) se mostraba indecisa;no sabìa si aquello era lo que tenìa que hacer,lo correcto. Los pétalos pochos querían quedarse y los coloridos salir; le hablaban al mismo tiempo y no podía darse cuenta de que los pochos le estaban arruinando la vida,les tenía demasiado cariño. No podía arrancárselos,tenìa que ser ella quien se deshiciera de ellos.

Pasado un tiempo,seguìa en la misma o peor situación, la rosa cayó en la cuenta de que esos pétalos le estaban haciendo inclinarse y sino los echaba, su tallo acabaría en el suelo; cada dìa se tambaleaba para irse deshaciendo de ellos; en ocasiones caìa uno,en otros ninguno…pero ella no se rendìa soplara el viento en contra o a favor.

En ocasiones, hay que tomar decisiones drásticas,escuchando lo que otros ven desd otros ángulos y sin pensárselo demasiado.

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