Querida amiga, hace tiempo que nos conocemos y sin embargo nunca me dirigido a ti para hablarte de la manera en que hoy voy a intentar llegarte:
Sé que es importante tu apariencia, he divisado tus conflictos con el espejo cada mañana, al igual que el agobio incesante y dubitativo porque camisa será más adecuada para que no se noten demasiado los excesos que aún no puedes perdonarte.
Si he de ser sincera: recuerdo tu larga melena brillante.   Desde mi humilde punto de vista cometiste un error cortándola, porque si algo me gustaba de ti era tu pelo y sé que en el fondo a ti tampoco te disgustaba,  te privaste de lo único que apreciabas y ahora ni eso te queda.
Ahora: cielo el pelo crece al igual que nuestra amistad aún sin tu larga melena que tanto envidiaba y me da igual la camisa que te pongas, el largo de tu melena o los kilos que marquen la báscula. Lo que me importa es poder disfrutar contigo haciendo el mono, preguntándonos imbecilidades de los que de vez en cuando nos sorprendemos con respuestas interesantes, planeando viajes, tocando instrumentos imaginarios,…
Otro tema que se que te está rozando y en el que quiero aliviarte o aunque solo sea poner un poco de algodón:
Nunca he entendido tu necesidad de llegar a mas, recuerdo cuando trabajabas en varias empresas y no tenías tiempo ni para dormir, ni siquiera sabías disfrutar el dinero que ganabas, no has sabido saborear tus logros porque estabas ansiosa por conseguir aún mas, nunca parece suficiente. Entiendo que quieras superarte y que eso te motive pero no te compensa sino tienes ni 5 minutos para tomarte un café o hacer un poco de vida social. Y en esas tardes en las que quedamos para hacerlo gracias a que ahora pareces haberte dado cuenta de esas pequeñas gran cosas, tampoco tienes que haber aprobado todo, estar con el hombre ideal, ser la mejor de tu empresa o aparecer con un vestido despampanante. En esas tardes cielo, prefiero que sea de ti de quien me hables.

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