En ocasiones, las cosas más simples se convierten en las más complicadas.
Y algo así como  hacer rodar una pequeña pelota se hace prácticamente imposible cuando el suelo sobre     el que intentas deslizarla es barro farragoso, cuando tu mano derecha está ocupada por algo que hace que sea la izquierda con la que realices el lanzamiento, cuando de repente empieza a llover y entre aquel barro se forman charquitos   y más tarde charcazos,  cuando a la par de disponerte a tirar resulta que tu teléfono móvil se pone a sonar con esa canción que en un principio nos gusta pero luego nos resulta hasta desagradable, …
Cuando y cuanto nos gusta complicarnos la vida.

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