Amar para ser amado, para experimentar esa sensación que te repone el recibir un gran abrazo de esos que se sienten y duran; de esos en los que notas como todo tu cuerpo se mueve desde dentro con una  buena sensación final.

Amar porque todos necesitamos amar y ser amados, para luego anhelar y echar de menos aquellas caricias, besos o palabras de aquellas personas que ya no están;  a veces, por circunstancia; otras,  simplemente porque no quieren estar.

Amar para poder soñar sin tener que cerrar los párpados, sin esfuerzos, sin topes; para poder creer verdaderamente en algo, para crear la misma ilusión de un niño que espera a los reyes magos por primera vez: emocionado, nervioso, contento, muy contento…

Amar, aún sin ser amado pero amar.

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