Mi cabeza gira en dirección contraria, se encuentra algo perdida, dando vueltas sin poder parar; se desplaza sin rumbo o quizá volviendo siempre al mismo lugar, está encajada, bloqueada por un fuerte viento frío.

Gira y gira como una revoltosa peonza que nunca pierde la cuerda, como una moneda que nunca es cara o cruz, como la noria de unos caballitos (sin ser tan divertida) o como el sol lo hace alrededor de la tierra.

Mi perola, sintiéndose desprotegida, sigue sin parar de rodar, allá donde esté, en cualquier lugar.

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