Me desvanezco, entro en otro mundo, un mundo lleno de pompas de colores que me hace sonreír; las horas pasan volando, camino por calles inmensas sin demasiada gente, despacio, tranquila, sin prisa. Puedo incluso descalzarme, el suelo se convierte en una suave y cariñosa nube de terciopelo que acaricia mis pies relajados, limpios…
Revolotean pensamientos por mi cabeza pero sin agobios, asuntos que hacen que poco a poco mis lab
ios se deslicen hasta conseguir una cálida sonrisa, de esas que salen desde dentro y se refleja en cada una de las células de mi cuerpo.
Es un día más, un día normal pero fueron unos minutos mágicos, diferentes; en los que decidí dejar a mi mano bailar mientras sujetaba un pincel de varios colores a la vez que mis pies se escurrían en una fina capa de hielo , permitiendo a mi cuerpo quedar relajado para dejarme sentir.

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