Un vaso negro, un gran vaso negro que se presenta en la mesa junto a mi plato, cada día, más cerca del cuchillo que del tenedor.
Lo observo, me mosquea, me pone nerviosa, me hace sentir incómoda incluso a veces llega a exasperarme.
Me propongo no beber agua para así no cogerlo, intento no mirarlo, pero esque está ahí plantado, pareciera que hasta se levanta y agita los brazos para llamar mi atención, no sé muy bien porqué, esto hace que tener que sentarme ahí, junto a él, sea algo de lo que más me agobie y tema durante las horas del largo día, en ocasiones me entristece, deseo evitarlo y me pongo a elucubrar planes y métodos con los que de vez en cuando consigo librarme de alguno de estos momentos, por ello siempre me paso el día pidiendo que nunca lleguen.
Fue justamente ayer, cuando me armé de valor y me dije:¿ porque temerle a un simple vaso? es sólo eso, un vaso; no va a comerme, no puede hacerme nada, ¿porque me hace pasarlo tan mal solo por el hecho de ser negro? Asique fui hacía allí decidida a acabar con él; lo cogí, lo miré y estampané fuertemente contra la pared; se rompió en mil pedazos, trozos llenos de significado en los cuales pude leer diferentes palabras, cada una de ellas distintas; como por ejemplo: odio, rabia, dolor, silencio, impaciencia, soledad, extraño, tristeza inconformista, negatividad…
Aún hoy quedan cristales por el suelo de toda mi casa, sé que por mucho que lo barra seguirán estando y que me iré encontrando cristales de diferentes tamaños cada día, pero algún día habrán de acabarse.
De momento lo único que me queda es tener paciencia y cuidado de no andar descalza, para que los restos (de aquel vaso) , no puedan volver a hacerme daño.

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