Entre un río revuelto me empeño en nadar y no sé si hacerlo a contracorriente o es más inteligente dejarme arrastrar, no sé estoy perdida, no hay nada que me indique el norte, nada que pueda darme una pista o quizá estoy llena de señales y luces pero me reflejan haciendo que no logre verlas, que no sepa seguirlas y siga perdida en un río helado, lleno de piedras con punta que rozan mi cuerpo día a día y abren las mismas heridas una y otra vez.
Llueve, llueve a cántaros y no para ni de día ni de noche escucho el silencio que parece oler a tristeza con una mezcla de desesperación.
Vuelo, o más bien lo intento pero no tengo alas, no puedo volar, no consigo sostenerme en el aire, caigo una y otra vez; nada mas intentarlo pero sigo emperrada en volar, quiero volar.
Saboreo aún con ganas de devolver, este día oscuro y gris tan des apetente, de esos días que se hacen largos y largos a pesar de que tu desearías que acabaran cuanto antes.
Y quiero cambiar las gafas con las que veo el mundo, ya rayadas , demasiado oscuras y que hasta me provocan dolor de cabeza por sus estrechas patillas ; pero por alguna extraña razón se han pegado a mí y no logro deshacerme de ellas.
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