Abro los ojos y el mundo es de color de rosa, los enamorados se besan, las luces están encendidas, los niños sonríen en el parque, huele a castañas asadas, la gente  está pletórica, el cielo lleno de estrellas fugaces…

 Mis labios de color rojo; ojos azules, brazos finos y alargados; tetas voluminosas que hacen que mi vientre parezca plano; mis piernas son perfectas y me voy comiendo el mundo.

De repente tiemblo, dejo de ver y oír, me desvanezco y caigo en el duro suelo que golpea con fuerza todo mi cuerpo.

Estoy ahí abajo, inconsciente,   pero el mundo sigue; nada se para, todo sigue como si nada; menos mi vida que está siendo arrastrada por unas ruedas de una camilla a toda velocidad; hecho que hace que todo se oscurezca pero sólo para mí.

La joven que se besaba con el chico guapo en la esquina sigue sintiendo el calor de los brazos que  la llenan de energía de ese muchacho que realmente le ama. La señora que vende castañas en el puesto de enfrente, hace un cucurucho perfecto con la hoja de un periódico. Y los niños siguen subiendo y bajando del tobogán una y otra vez.

Mientras, mis estrellas desaparecen, no puedo comprobar si las luces están apagadas o encendidas; ya da igual porque no puedo ver. La gente no está ni pletórica ni no pletórica, simplemente no está. Y me quedo sola con mis ojos azules que no pueden ver, mis labios rojos que no hablan; mis tetas voluminosas,  mis brazos alargados y mi vientre plano que tanto había deseado pero que ya no podré disfrutar; mis piernas perfectas que ya nunca podrán andar…

Ni en sueños puede haber un mundo perfecto.

Anuncios